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Journal Article

Están desapareciendo los maestros? 1

2023
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Overview
“Respetaré a mi maestro de medicina tanto como a los autores de mis días, compartiré con él mis bienes y, si es preciso, atenderé a sus necesidades; consideraré a sus hijos como hermanos y, si desean aprender la medicina, se las enseñaré gratis y sin compromiso. Comunicaré los preceptos, las lecciones orales y el resto de la enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro, a los discípulos ligados por un compromiso y un juramento según la ley médica, pero a nadie más.”“Conservaré a mis maestros el respeto y reconocimiento del que son acreedores” (Convención de Ginebra, 1948). “Otorgar a mis maestros, colegas y estudiantes el respeto y gratitud que se merecen” (Declaración de Ginebra, refrendada por la Asociación Médica Mundial, realizó actualizaciones los años (1968, 1983, 1994, 2005, 2006 y 2017).[1] En el texto se utiliza el genérico, entendiéndose que las referencias al maestro y discípulo lo son también para maestra y discípula.INTRODUCCIÓNDesde Hipócrates, el binomio maestro y discípulo ha sido el eje de la generación e irradiación de conocimientos a lo largo de la historia y la buena relación entre ambos una muestra del éxito o fracaso de un proyecto compartido. El respeto y gratitud al maestro se ha mantenido a lo largo de los siglos como uno de los valores fundamentales de todos los médicos. Sin embargo, durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI se han producido cambios importantes no solo en nuestra ciencia sino también en la sociedad. Estos cambios, algunos tremendos, han hecho que determinados valores muy arraigados hayan perdido importancia, cuando no desaparecido, en el día a día de nuestras vidas.Hace unos años (1) en la presentación del libro Antología biográfica de médicos españoles del siglo XX en esta Real Academia tratamos de forma especial los cambios que se habían producido en la medicina a lo largo del siglo XX en la que pasamos de una medicina muy simple, basada en la experiencia del médico y expresada en lo que llamé medicina de escuelas, a una medicina muy sofisticada y especializada que tenía por guía la medicina basada en la evidencia. En esa disertación incidimos en el cuestionamiento por muchos de la figura del maestro en beneficio de la denominación de jefe, líder, o simplemente profesor, según una determinada jerarquía administrativa, investigadora o académica.Durante muchos años he reflexionado sobre el maestro clínico en el ámbito universitario, actualmente extendido a la mayoría de los hospitales españoles. A los maestros, como a cualquier ser humano, se les acaba juzgando por cuanto hicieron y no por las intenciones que en un momento mostraron o por el aplauso de sus colaboradores más cercanos. Ver y estudiar cuanto hicieron a lo largo de su vida da la medida exacta del valor del maestro. De hecho, hay maestros, que lo fueron, a los que nunca se les reconoció en vida, sino tras su fallecimiento, a veces después de mucho tiempo. Por el contrario, a lo largo de la historia, otros fueron calificados en su tiempo de maestros, cuando en realidad no lo fueron. Los más cercanos, cantaban sus excelencias a pesar de apenas tener relación con él, pues dedicaba más tiempo a los intereses personales que a los de sus discípulos. Acertó Cajal (2) llamándoles ilustres fracasados a la vez que estableció diversas clases: diletantes o contempladores, eruditos o bibliófilos, organífilos, megalófilos, descentrados y teorizantes.Hoy, el binomio maestro-discípulo está sufriendo una importante crisis basada en un cuestionamiento por muchos médicos de la figura del maestro, y por tanto de la del discípulo, que en otro tiempo se honraban de haberse formado junto a uno determinado.Que ello es así, nos lo indica no solo nuestra experiencia vital sino el estudio, análisis y reflexión de la nueva realidad. En efecto, cuando profundizamos en los currículos vitae o autobiografías de muchos médicos que destacaron, observamos en el decurso de las últimas décadas, el paso de un reconocimiento y admiración al maestro, a veces patológico, a una ocultación o menoscabo de la importancia que tuvo en su formación y desarrollo. En estos currículos o autobiografía, a veces autocomplacientes en demasía, no se percibe mérito alguno de la figura de algún maestro y todo son parabienes para uno mismo. ¿Quién o quiénes fueron sus maestros? o ¿a quién o quiénes reconoce como tal? es algo que el interesado no refiere en ningún lugar.LA IMPORTANCIA DE LOS CAMBIOS¿Qué ha ocurrido en el último siglo y en las recientes décadas para que lleguemos a esta situación después de tantos siglos de exaltación de la figura del maestro? A nuestro juicio existen una serie de hechos, unos de carácter general y otros específicos, que han incidido de forma manifiesta en este escenario, rompiendo todos los convencionalismos existentes hasta ese momento.Entre los hechos de carácter general son de destacar los cambios sociales y de todo tipo que se han producido durante el siglo XX, con una especial incidencia en el acceso a la información. Dada la extensión y profundidad de estos cambios no incidiremos sobre ellos. Pero sí dejar constancia de la impronta que dejó la Segunda Guerra Mundial que generó un intenso cambio de mentalidad en todos los aspectos. Destacan entre ellos a nuestro juicio, al margen la gran influencia de los Estados Unidos que abarcó a todos los campos, el espectacular desarrollo en la esfera de la ciencia y la tecnología, el inicio de la computación y la informática, la fuerte presencia de los más débiles en la sociedad, así como el papel de la mujer en la nueva realidad mundial. A ellos habría que sumarle, tras el Juicio de Nuremberg la búsqueda de responsables, no solo en la guerra, sino también en muchos órdenes de la vida.Los modelos europeos de las escuelas médicas con sus maestros sufrieron pronto un menoscabo por la influencia americana, cada vez mayor, que generó dudas y resquemores en las nuevas generaciones. El sentimiento que el modelo de enseñanza y el acceso a las más altas cotas de profesorado quedó cuestionado tras mirar otras formas de trabajar al otro lado del atlántico. Concretamente en España comenzaba en los años 70 a percibirse una manifiesta debilidad del sentir universitario. Europa de alguna forma quedó vieja.El Mayo francés de 1968 abarcó a toda la sociedad y supuso igualmente un sustancial cambio de paradigma social. El mundo sufrió una conmoción y los eslóganes de estudiantes a los que pronto se sumaron los obreros, fueron el inicio de un revulsivo social en todos los sentidos que se extendió por todo el mundo. Algunos de ellos como, “No a la revolución con corbata”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “Leer menos, vivir más”, “La escuela está en la calle”, “Asaltar los cielos”, “Queremos todo y lo queremos ahora”, “Profesores, ustedes nos hacen envejecer”, “No le pongas parches, la estructura está podrida” o “En los exámenes responda con preguntas”, hacían prever, tras el éxito de este estallido, que muchas cosas ya no serían igual.Sin embargo, el debate de rebeldía no estaba solo en la calle sino también en los lugares más insospechados, no quedando al margen la universidad y el mundo de la medicina. La formalidad de la relación maestro-discípulo comenzó a sufrir en esas décadas de forma manifiesta, e incluso en los ambientes de carácter filosófico se debaten determinadas posiciones. Es más, se pone en cuestión la responsabilidad del maestro en el comportamiento de sus discípulos, discutiéndose al menos desde la filosofía moral este hecho, resucitando planteamientos realizados nada menos que en 1889 por Paul Bourget (3) en su famoso libro Le disciple.Reverdecidos viejos prejuicios sobre el maestro y los cambios sociales que se van produciendo en esas décadas se visualizan situaciones y hechos que hasta entonces habían sido anecdóticos, de poca enjundia o enterrados en el silencio. De las críticas no se libran ni los maestros más reverenciados. Muy llamativo y trascendente fue el enfrentamiento dialéctico entre el filósofo Joseph Agassi con su maestro Karl Popper que dejó escrito de forma meticulosa (4) y recogido al pie de la letra por George Steiner (5). En su libro Lecciones de los maestros refiere literalmente las impactantes palabras que dejó escritas Joseph Agassi y que, por su prestigio como filosofo científico, supusieron un terremoto que se extendió por universidades y centros de formación, conturbando la relación maestro-discípulo. Dice Agassi de Karl Popper: “Yo no quería cortar nuestra amistad; quería cortar mi aprendizaje. Conseguí lo contrario. Yo estaba de aprendiz con el filósofo que era mi maestro, en el sentido más anticuado de la palabra. Como mi maestro él me educó; como su aprendiz yo trabajé para él. Fue un intercambio justo; yo estaba muy satisfecho con las cosas tal como era: no pedía más … Yo mandaba sobre mi destino en el sentido de que estaba allí por decisión propia … Pero nunca prometí ser una secuela de mi maestro; nunca planteé ocupar su lugar cuando se retirara. Ya sé que en los viejos tiempos el aprendiz tenía que hacer eso y también casarse con la hija del maestro”. Tremendas palabras que causaron gran impacto y pronto consiguieron adeptos en el extenso universo de los discípulos en todo el mundo. “La admiración y mucho más la veneración se ha quedado anticuada. Somos adictos a la envidia, a la denigración, a la nivelación por abajo” señaló George Steiner. Es evidente que los maestros ya estaban por entonces al borde del precipicio.Junto a lo anterior es de destacar la manifiesta crisis de valores que ha invadido en los últimos 20 años nuestra sociedad. El reconocimiento, la admiración, el respeto, el compromiso o el sentido de pertenencia a un grupo de trabajo, entre otros, no son reconocibles en muchas capas de la sociedad y por ende, en los más jóvenes y en el seno de los lugares de formación. Steiner (5) manifiesta “Yo describiría nuestra época actual como la era de la irreverencia. Las causas de esta fundamental transformación son las de la revolución po
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Real Academia Nacional de Medicina